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Ana Esther Méndez

Una mañana, de camino a la televisión en la que trabajo, me fijé en una mujer. Tenía setenta y tantos años, pelo recogido, brillante, gris, surcado por blancas canas mate. Una gabardina ceñida, un bolso mostaza, el paso firme y la mirada enquistada. La sigo encontrando cada mañana, y me pregunto quién habrá sido y cuál será su historia, mientras su inquisitiva mirada tal vez se cruce un día con la mía para darme las lecciones que a otros no pudo dar. Me hace realmente feliz cruzarme con determinadas personas por la calle e imaginar su vida, cruzando datos, tejiendo sus circunstancias vitales, recreando los ambientes en los que crecieron. Me gusta pensar que esa mujer pudo ser una inmigrante polaca, una poetisa erótica, la esgrimista que ganó la primera medalla en un campeonato internacional, la traductora de los libros de Virginia Woolf, una marisqueadora gallega venida a menos o la viuda de un soldado fallecido en la guerra de Vietnam.



Me hace realmente feliz sumergirme en un libro sin preocupaciones. Redactar finales alternativos y escribir en un folio capítulos paralelos en los que los protagonistas sean esos personajes de cuya vida no se habla. Me gusta el aire de primavera, tener la mesa ordenada y ver a los niños con sus mochilas de la Patrulla Canina corriendo por el patio del colegio. Me gusta recordar la infancia, cruzarme con  padres que recogen los bártulos de sus hijos en el maletero del coche, pasear de noche observando las luces que reverberan de los salones, respirar hogar al entrar en casa. Me gusta escuchar la radio de camino a casa, y leer el periódico, elegir una historia al azar y hacer hasta lo imposible por contactar con ese experto que se cita. Me gusta preguntar de todo en las entrevistas, sin miedo a quedar como una inepta, preguntar por qué, no quedarme con dudas. Me gusta hablar por los codos y que me hablen.

Siempre pensé que era un "bicho raro", hasta que descubrí mi vocación, la de contar historias, tejer imaginarios y retornar a esa infancia primigenia que me hizo tan feliz. Este blog es un reflejo de lo que me hace feliz cada día: investigar, aprender, consultar, conocer personas, crear, conversar, escuchar, valorar, experimentar, formar, unir, entender. Este blog es mi espacio por nomenclatura, pero también es el de todos aquellos que en algún momento han sido felices con lo aparentemente más absurdo, hasta con una sonrisa en medio de la calle. Aquí os contaré historias cada día que pueda, esas historias que me hacen feliz porque me enseñan que el mundo es grande, maravilloso y que es una victoria estar vivos.

El reto del conocimiento cada vez tiene niveles de exigencia más altos, por eso, aprendamos juntos. Escribamos el presente mientras intentamos descifrarlo. No importa no entenderlo del todo o que nos llamen locos, al fin y al cabo, vivir es una locura. 

Porque hay personas que no tienen segundas intenciones ni intereses oscuros para intentar dañar al resto. Bienvenidos a este pequeño espacio de pureza.


Ana Esther

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